Comenzó la década de 1930 y Guayaquil no era la misma. Eran los primeros años de existencia de aficiones y empatías que no tardarían mucho en teñir a la ciudad en dos colores ajenos a su bandera pero que ya estaban plasmados en el tricolor patrio.
En principio la pasión estaba dormida. No había razón aún para el cruce intransigente de argumentos de los hinchas defensores de dos equipos nacidos entre los astilleros. Pero bastó el primer encuentro para encaminar las simpatías y antipatías de miles de guayaquileños... de millones de ecuatorianos.
Entre los rivales, el que nació primero terminó siendo el más popular, no solo de su lugar natal sino del país. Dio la primera estocada con un 4-3 y enseguida enamoró a muchos. Era el equipo del pueblo, el de poco presupuesto que ganaba a quienes llegaban con mejores facilidades económicas.
El equipo más joven en antigüedad perdió el primer encuentro, cierto, pero ganó aquellos en los que su rival estaba obligado más que ningún otro a ganar. Dejar que la visita haga vuelta olímpica en la nueva casa y perder una final inédita son cosas que el hermano mayor difícilmente olvidará.
Ya para finales de la década de 1940, la rivalidad tenía nombre y apellido: Clásico del Astillero. Las pasiones trascendieron a Guayaquil a tal punto que no dejaron rincón en el país sin hablar, sin pensar en amarillo y azul.
Se gestan los logros, los hitos, las leyendas y los nombres que sustentan las razones para seguir a uno de los equipos. Los argumentos no faltan para sostener hasta la última gota de la garganta que el equipo que se ama es mejor que el otro.
Que uno consiguió la Hazaña de la Plata, las finales de copa Libertadores y que aún es el mayor monarca con 14 coronas nacionales. Que 'Pajarito' Cantos, 'El artista' Ephanor, 'Mormón' Montanero, 'El Frentón' Muñoz, 'Kitu' Díaz, Chuchuca, Luciano Macías, Lecaro, Trobbiani y Uquillas crearon las mejores historias.
Mientras que los otros sostienen que son el Primer Campeón Nacional, con más goleadas al rival de barrio y mejor ubicado en ranking internacionales. Que el 'Tano' Liciardi, 'El Flaco' Raffo, 'Cuchillo' Fernández, 'Spiderman' Tenorio, 'Nine' Kaviedes, Mina, Beninca, Capurro, Juárez y Bolaños son únicos e irrepetibles.
Lo cierto es que cualquier cancha es chica para contener sus batallas. Sea dentro o fuera del país, en cada contienda se sueña, se espera y se teme a ese gol que provoca la euforia de unos y la desesperación de otros.
Cada partido olvida qué tan herido o crecido llega el contrincante. No importa si eres Vicecampeón de América, si eres candidato fijo a la corona, si juegas con suplentes o si tienes al goleador del campeonato en tu plantilla...
En un Clásico del Astillero, las excusas no están permitidas.
viernes, 8 de enero de 2016
sábado, 12 de diciembre de 2015
La razón de la felicidad
Una parada previo a la reunión con mis amigos. Me tocó tomar taxi pero en donde estaba nadie quería detenerse. Un vehículo se estaciona delante de mí, una furgoneta blanca muy reluciente. El chofer me pregunta si quería una carrera e, ignorando la peculiaridad de la situación, accedí.
Una música sonaba en la radio, no la escuchaba pero mi acompañante sí. "Siempre es difícil enamorarse", afirma. Mi observación del paisaje urbano nocturno se interrumpe. No buscaba conversación pero no quise parecer grosero y le tomo atención... El hombre aparentaba tener la edad suficiente para ser mi padre. Podría decirse que me inspiró confianza.
"¿Por qué lo dice?", le contesto.
"La canción... Habla de lo duro que puede ser el amor... Y yo mejor que muchos lo sé". Me sonrío. ¿Qué le podría otorgar tal distinción?
Sostiene el volante con sus muñecas para que las vea. "Por esto lo sé". Un par de cicatrices rectas revelaban que en el algún momento de su vida decidió terminarla.
Me contó que hace pocó la encontró tras una tenaz búsqueda en redes sociales... A esa razón que lo abandonó para buscar una vida mejor, de lujos, con hacienda pero con un esposo que no le daba prioridad.
La cita se pactó en un hotel del suburbio. La intención y el final del hecho va acorde con la lógica de un amor que hasta antes de la reunión nunca se consumó.
Lo hizo contra la voluntad de los padres... Y supongo que el esposo de la dama tampoco hubiese estado de acuerdo. El chofer se sonreía pese a que, posteriormente, nunca volvió a saber de ella. Aquella mujer también quitó todo rastro suyo en las redes sociales.
Me sentí con la confianza de decirle que pudo perderse de eventos hermosos por un momento de furia, de ira, de despecho, quizás algo de cobardía.
En eso, también me sentí más experimentado que muchos.
Llegamos a mi destino pero antes de bajar del vehículo me pregunta si yo alguna vez consideré eso... De quitarme la vida por amor y de hacer todo por la persona que se ama.
Ambas, le contesté... Pero solo una de esas situaciones permite sentirme con vida.
Una vida que vale su tiempo y altibajos. Sus anécdotas e historias... Sus preceptos y enseñanzas.
Una música sonaba en la radio, no la escuchaba pero mi acompañante sí. "Siempre es difícil enamorarse", afirma. Mi observación del paisaje urbano nocturno se interrumpe. No buscaba conversación pero no quise parecer grosero y le tomo atención... El hombre aparentaba tener la edad suficiente para ser mi padre. Podría decirse que me inspiró confianza.
"¿Por qué lo dice?", le contesto.
"La canción... Habla de lo duro que puede ser el amor... Y yo mejor que muchos lo sé". Me sonrío. ¿Qué le podría otorgar tal distinción?
Sostiene el volante con sus muñecas para que las vea. "Por esto lo sé". Un par de cicatrices rectas revelaban que en el algún momento de su vida decidió terminarla.
Me contó que hace pocó la encontró tras una tenaz búsqueda en redes sociales... A esa razón que lo abandonó para buscar una vida mejor, de lujos, con hacienda pero con un esposo que no le daba prioridad.
La cita se pactó en un hotel del suburbio. La intención y el final del hecho va acorde con la lógica de un amor que hasta antes de la reunión nunca se consumó.
Lo hizo contra la voluntad de los padres... Y supongo que el esposo de la dama tampoco hubiese estado de acuerdo. El chofer se sonreía pese a que, posteriormente, nunca volvió a saber de ella. Aquella mujer también quitó todo rastro suyo en las redes sociales.
Me sentí con la confianza de decirle que pudo perderse de eventos hermosos por un momento de furia, de ira, de despecho, quizás algo de cobardía.
En eso, también me sentí más experimentado que muchos.
Llegamos a mi destino pero antes de bajar del vehículo me pregunta si yo alguna vez consideré eso... De quitarme la vida por amor y de hacer todo por la persona que se ama.
Ambas, le contesté... Pero solo una de esas situaciones permite sentirme con vida.
Una vida que vale su tiempo y altibajos. Sus anécdotas e historias... Sus preceptos y enseñanzas.
lunes, 16 de noviembre de 2015
Cambio de creencia
Cursaba el segundo año de primaria y aparecían los primeros cuestionamientos al credo con el que me bautizaron. Uno de ellos era muy básico: Si celebramos al Cristo resucitado ¿por qué la insistencia de hacer crucifijos con la imagen de un “dios” bañado en sangre y sufriendo?
Nunca fui un verdadero católico... no al menos en la manera que exigen sus mejores exponentes.
En 2002, ante una crisis muy personal, decidí desafiar al que llaman Dios a que probara su existencia levantándome a una hora de la madrugada. Ocurrió así y -si cabe la frase- extendí la creencia por varios años más.
Pero tal presencia, para efectos prácticos, nunca fue real... lo estoy comprobando actualmente en mi apostasía.
Noto con cierta decepción que el credo al que pertenecí por toda una vida genera más cismas de los que intenta evitar y pese a que su máximo representante flexibiliza la teología tradicional en favor de homosexuales, el radicalismo es algo que se mantiene en la mayoría de sus fieles.
Menos puedo creer en la contradicción de un Dios misericordioso que “castiga”... Lo señala el mismo texto editado en el concilio de Nicea, la Biblia.
Sin embargo, he decidido no llevar abiertamente mi nueva condición. No por miedo sino porque he querido guardar las apariencias ante mi hija.
Mi pequeña aún cree ciegamente en algo que saca lo mejor de ella. ¿Quién soy para cortar las alas a su fe?
Nos amamos... y lo suficiente como para copiar aspectos uno del otro. No quiero que abandone su fe por mis razones.
En esta nueva etapa, la parte más difícil es mantener las críticas al catolicismo frente a mi cónyuge. Ella -admito- lleva su fe mucho mejor que la mayoría de creyentes que conozco pero su vehemencia a veces la hace caer en la intolerancia mas sería injusto etiquetar ese aspecto como virtud o defecto.
La primera misa que tuve que escuchar como ateo también reveló una nueva e interesante perspectiva. Acudí al lugar por petición de mi hija.
En el sitio, empecé a observar cada detalle del culto como si de un paisaje se tratara. Armonías y discordancias, matizadas en un ambiente sereno... a lo mejor hipócrita intuyendo el comportamiento de muchos fieles pero esta parte en particular, al ser mera especulación, no podía distraerme del análisis que hacía ya sin mi mente condicionada a una creencia.
El sermón del párroco... La buena intención prevalecía. Creo que por eso los llamaron "padres", habla como si tratara con sus hijos, exhortando a la buena conducta.
No participé de la misa en el sentido de repetir mecánicamente credos, rezos y saludos. Esa parte ya no me sirve: ni creo en Dios, ni le pido nada a él o sus canonizados.
El único elemento que conservo de mi creencia es la persignación... no por nostalgia sino porque persigue el propósito de conservar apariencias delante de mi prole.
Aunque sí siento que llegará el día en que mi pequeña me pregunte porqué ya no digo "gracias a Dios" después de cada comida... espero entonces que cuente con el criterio suficiente para revelarle mi verdad.
Nunca fui un verdadero católico... no al menos en la manera que exigen sus mejores exponentes.
En 2002, ante una crisis muy personal, decidí desafiar al que llaman Dios a que probara su existencia levantándome a una hora de la madrugada. Ocurrió así y -si cabe la frase- extendí la creencia por varios años más.
Pero tal presencia, para efectos prácticos, nunca fue real... lo estoy comprobando actualmente en mi apostasía.
Noto con cierta decepción que el credo al que pertenecí por toda una vida genera más cismas de los que intenta evitar y pese a que su máximo representante flexibiliza la teología tradicional en favor de homosexuales, el radicalismo es algo que se mantiene en la mayoría de sus fieles.
Menos puedo creer en la contradicción de un Dios misericordioso que “castiga”... Lo señala el mismo texto editado en el concilio de Nicea, la Biblia.
Sin embargo, he decidido no llevar abiertamente mi nueva condición. No por miedo sino porque he querido guardar las apariencias ante mi hija.
Mi pequeña aún cree ciegamente en algo que saca lo mejor de ella. ¿Quién soy para cortar las alas a su fe?
Nos amamos... y lo suficiente como para copiar aspectos uno del otro. No quiero que abandone su fe por mis razones.
En esta nueva etapa, la parte más difícil es mantener las críticas al catolicismo frente a mi cónyuge. Ella -admito- lleva su fe mucho mejor que la mayoría de creyentes que conozco pero su vehemencia a veces la hace caer en la intolerancia mas sería injusto etiquetar ese aspecto como virtud o defecto.
La primera misa que tuve que escuchar como ateo también reveló una nueva e interesante perspectiva. Acudí al lugar por petición de mi hija.
En el sitio, empecé a observar cada detalle del culto como si de un paisaje se tratara. Armonías y discordancias, matizadas en un ambiente sereno... a lo mejor hipócrita intuyendo el comportamiento de muchos fieles pero esta parte en particular, al ser mera especulación, no podía distraerme del análisis que hacía ya sin mi mente condicionada a una creencia.
El sermón del párroco... La buena intención prevalecía. Creo que por eso los llamaron "padres", habla como si tratara con sus hijos, exhortando a la buena conducta.
No participé de la misa en el sentido de repetir mecánicamente credos, rezos y saludos. Esa parte ya no me sirve: ni creo en Dios, ni le pido nada a él o sus canonizados.
El único elemento que conservo de mi creencia es la persignación... no por nostalgia sino porque persigue el propósito de conservar apariencias delante de mi prole.
Aunque sí siento que llegará el día en que mi pequeña me pregunte porqué ya no digo "gracias a Dios" después de cada comida... espero entonces que cuente con el criterio suficiente para revelarle mi verdad.
martes, 15 de septiembre de 2015
Sentir de venganza
La
mirada perdida en medio de la gente que se movilizaba conmigo en
Metrovía, tratando de dominar un sentimiento que había dejado atrás
hace más de dos décadas.
En
aquel entonces, vi con satisfacción cómo la policía se llevaba a
la fuerza a quien alguna vez consideré un pana pero que cometió el
craso error de lastimar a un familiar.
Lo
delaté, era conocido en el barrio que le entraba duro al
microtráfico de la marihuana pero nadie se atrevía a denunciar.
Yo
sí.
Era
el mismo sentimiento de venganza que me invadía... pero este se
generaba por partida doble.
Minutos
antes, me enteraba que mi esposa había sido agredida por una mujer
delgada y piel morena que deambula por el barrio. Normalmente, nadie
la toma en cuenta cuando esta desconocida se pone a hablar y gritar
solo como si le reclamara a alguien.
Desde
luego, no está en sus cabales... ¿Para qué buscarle problema? Pero
ocurría que ella lo buscó.
Sin
razón aparente, le propinó un piedrazo en la espalda a mi señora y
pretendió también agredir a mi hija. Tratando de defender a la
prole, mi mujer recibió rasguños en el rostro.
Un
morador de la zona acudió en su defensa. Tarea difícil pues la
desquiciada -las cosas por su nombre- aguantó más de un palazo con
tal de seguir golpeando.
La
mujer en cuestión tiene como único familiar a un adulto mayor que
por razones que aún no comprendo decidió tomarla por pareja. La
policía del sector conoce que no es la primera vez que agrede pero
se considera inútil ya que tras cada detención, la sueltan a las 48
horas.
Mientras
que el anciano se justifica en que no puede costear los $20 por
sesión que le cuesta realizar un tratamiento.
Caminando
a mi casa, la diviso a lo lejos... con el ánimo de aplicar mi propio
correctivo.
En
el trayecto encuentro una rama bastante recia con una bifurcación
que la hace parecer un tolete. No lo pienso dos veces para cogerla y
me preparo para emular a la Policía Metropolitana en cada metro que
avanzaba.
Golpeó
a mi esposa, trató de golpear a mi hija... ¿Qué tal si emparejamos
las heridas en la espalda y en el rostro?
Estaba
ahí, al pie de un paradero, casi impávida... La tengo frente a
frente y suelto el primer golpe.
Pero
apunté al poste que estaba a un metro de ella.
En
la última milésima de segundo cambié de parecer pero el
sentimiento de venganza no se disipaba. Mantengo el pseudo tolete
contra el poste mientras la miro... ella a mí no. El golpe la asustó
lo suficiente como para que retrocediera y se fuera.
También
me retiro del lugar... No suelto mi arma por aquello de las dudas. Mi
esposa me necesitaba más que la policía preguntándome por qué
golpeaba a una mujer indefensa.
No
valía la pena... la vergüenza... mucho menos el horrible
sentimiento que se apoderó de mí por varios minutos.
Al
día siguiente, mi hija tenía miedo tan solo de ir a la escuela. Le
reitero que gente mala siempre habrá pero que no hay que tenerle
miedo... solo tratar de alejarse de ellas.
Tener
precaución y sentir temor son dos cosas muy distintas.
sábado, 20 de septiembre de 2014
Planeando la defensa
“¡Pero
Dalia, defiéndete, no dejes que te pegue!”
Me
cuenta mi esposa que esto dijeron unas compañeras de mi pequeña
hija cuando la fue a ver a la escuela. En la averiguación
posterior, se descubre que un niño le había hecho caer... No era la
primera vez.
Uno
de los preceptos que más le recalcamos a Dalia como padres es la
tolerancia. Esto incluye, desde luego, el respeto hacia los demás, a
recurrir a tácticas no violentas para expresarse y para ello
empezamos con el ejemplo en casa: cuando hay que resolver un problema
se lo hace hablando, a lo mucho se eleva el tono de voz cuando toca
ser enérgico pero siempre el poder de la palabra por sobre todo.
Aunque
creo que es hora de replantear el sistema.
No
con esto quiero decir que Dalia aprenda a defenderse a punta de
golpes, basta con que se ubique fuera del alcance de cierto tipo de
personas y actitudes... sin embargo, no resulta tan sencillo y hablo
por propia experiencia.
En
mis casi 40 años de vida, me habré ido a los golpes -por motivos
ajenos a un entrenamiento- unas cuatro veces. La ocasión que más
recuerdo es una que aplica perfectamente a la situación de mi hija.
Escenario,
el colegio; contrincante, un compañero con un serio problema de
conducta que ahora calificaría de sociópata. Por alguna razón que
nunca se supo, le gustaba agredir y hacer bromas pesadas incluso a
jóvenes más grandes en estatura.
El
sujeto en cuestión se dispuso a medir mi paciencia y me insultaba
cada que veía. Procuré ignorarlo... Empero fue en el instante en
que estando frente a mí se atrevió a nombrar a mi madre cuando
respondí con los puños.
Hasta
ese momento, contaba con un impecable promedio en conducta. Tras el
hecho, me gané un soberano 15/20 que me dolió en el alma... Bueno,
no era destacado como estudiante y lo mejor que tenía era arruinado
por un minuto de ira.
Y
ahora mi pequeña, a sus casi 6 años, está lidiando con un problema
similar. Coincidentemente, el niño que la busca ni siquiera la
supera en estatura.
Ese
día tuve una de esas conversaciones con mi hija que siento que le
incomodan -se le humedecen sus ojitos- puesto que sabe que cuando uso
cierto tono de voz es porque algo me molesta... Y sí, me molestaba
esta situación pero no porque ella fuera el problema.
Primero
le recalqué que estaba feliz por lo obediente que ha sido, por
portarse bien, por no buscar problemas con otros... pero que tampoco
deje que nadie la agreda.
Lamentablemente,
tuve que advertirle que hay quienes no se portan tan bien como ella,
que buscan agredir, que causan problema y que cuando se tope con
alguien así, que se aleje lo más que pueda y pedir ayuda si lo cree
necesario.
“Las
compañeras que dijeron que te defiendas, esas son las amigas que
debes tener y con ellas puedes contar”, le dije.
Le
puse como ejemplo una película que conoce: Karate Kid -la más
reciente, con Jackie Chan y Jaden Smith- e hice énfasis en la escena
donde el señor Han defiende al joven Parker sin tocar a los
agresores. “Solo esquiva a esas personas, quítate de su camino”.
Casualmente,
mi pequeña desde antes de este problema quiere estudiar karate y
desde ya la educo en que solo es para defenderse.
Aunque
no faltará quien ponga a prueba su paciencia... Solo me falta algo
por hacer y es hablar con las autoridades académicas del plantel y
solicitar un correctivo porque no me gustaría que mi hija sea
sancionada por una situación que no buscó.
Solo
espero darle a mi hijas todos los conocimientos necesarios para
eludir cierto tipo de gente... y que también sepa enfrentarlas.
domingo, 2 de febrero de 2014
"Huérfano" (Última parte)
La
mañana del 31 de enero comenzó con cuatro Guerrero en escena:
Marcos, Cristian, mi tío Wacho y el que escribe. Al parecer mi papá
pasó sin novedad la noche -si cabe la frase-, con la única compañía
de las flores y cruces que suelen estar presentes en estas
situaciones.
Amanecí
sin apetito... más que por la tristeza, por el sánduche con Doritos
y té helado que me tragué a eso de la 01:00. No tenía miedo de
nada, ni de la languidez, tanto así que sin contemplaciones me tomé
una bebida energizante, una de las más letales. Ya escuchaba a mi
papá llamándome la atención por beber “esa porquería”, como
así la llamaba. Así mismo, ya la hubiese respondido: “usted tomó
cosas peores que eso hace años y hasta le advertí lo que podía
pasar”.
Así
nos llevábamos, así nos amamos, a lo “apache”, en ese lenguaje
incomprendido de sarcásticos malcriados...
Conforme
avanzaba la mañana iban apareciendo los familiares y amigos. Yo
estaba atento a la llegada de Solange; entre ella y yo, fuimos los
que más nos aferramos a la “posibilidad mínima”. Debía ser el
primero en abrazarla, lo que al final pasó.
Mi
media hermana no lo aceptaba. Nadie. Lo siguiente que vi fue su
humanidad apoyada en el féretro, tratando de revivir a mi papá a
punta de lágrimas. Yo puse mi parte al verla así de destrozada.
Mientras
los Guerrero Zambrano preferimos estar errantes, deambulando entre
sala y exteriores, Solange -junto a Sidney, los Guerrero Chang- no se
movió de delante de nuestro progenitor por cerca de ocho horas. Era
lo justo, no tuvo la oportunidad de estar con él en los últimos
momentos como sí pudimos sus hermanos menores.
Me
volví a acordar de la frase de Diana, la cual también comenté con
Guillermo, otro de mis mejores amigos... “Huérfano”, me
repetía... Físicamente, tan solo, me consolé. Pensar que con él
comparto el mismo sentimiento que con mi esposa, Tania, y con amigos
como Alex y Nathaly, de perder a la figura que tradicionalmente
obliga a los hijos a ser fuertes.
Yo
procuraba ya no llorar, a mi papá no le gustaba que lo hiciera...
Sí, tuvo sus estigmas como ese de que el llanto equivalía a
debilidad, de que los aretes eran solo para mujeres, y tantos otros.
A uno de mis hermanos le quitó las ganas de ponerse un par de aros
en las orejas, en cambio yo, necio igual que mi padre, me quedé con
mi sensibilidad y las lágrimas siempre disponibles.
Llegaron
Tania y Dalia. Mi hija, lo primero que pidió fue ver a su “Paco”,
como mi papá quiso que lo llamara, igual que sus hijos cuando pedían
el biberón. Siempre nos bromeó con esa figura infantil pero bien
que le ha gustado, lo suficiente como para reeditarla en sus nietos.
Dalia
no lloró, estaba triste, sí, por un buen rato no me dejó de
abrazar. Ya tenía claro que estaba en el cielo, en un lugar mejor.
Lo que seguía sin entender, como muchos, es cómo si se estaba
curando, murió por una enfermedad. Cómo explicar la ironía de los
hechos.
Para
las 16:15, ya estaban todos los que tenían que estar de mi familia.
Quienes no pudieron era porque estaban esperando que nazca un nuevo
miembro -hablando de ironías-. De mis amigos, físicamente, Robert y
Yazmín, virtualmente, yo digo que estaban todos.
Al
final de la misa, ocurrió lo lógico... los hijos de mi padre
desbaratados en lágrimas, yo abracé a mi madre, mi tía Aracelly
también se unió al momento. Fue un abrazo de tres, una tristeza de
centenares... era el momento culminante de la situación. Hora de
llevar el cuerpo de mi padre a su “última morada”.
La
bóveda resultó estar bastante elevada, se requirió una escalera.
Dalia decía que no estaban colocando las flores que le llevó a
Paco. Corrí subiendo escaleras -otras de las cosas que no le gustaba
a papá y que en más de una ocasión me ganó un accidente-, las
flores, donde debían estar. Se cerró la bóveda.
Mi
padre...
Me
quedé con su anillo, se lo dije a mis hermanos, se podían llevar
todo menos eso... De hecho, de sus pertenencias, los hermanos
Guerrero tomamos muy poco, la mayoría de lo material se regaló -mi
padre era de gustos sencillos aunque sofisticados-... Coincidimos en
que no íbamos a pelear por eso, así fue.
Después de todo, fue la primera de sus enseñanzas: “Entre hermanos no se pelea”.
sábado, 1 de febrero de 2014
"Huérfano" (Parte 2)
Lo siguiente -y tradicional- tras la noticia de la
muerte de un familiar cercano es conocer cómo se lo velará, qué pasará con sus
pertenencias, dónde será su “última morada”.
Solo me importaba lo primero y lo último… El resto
no, nunca me interesó, siempre le reproché a mi papá cuando me decía, cuando veía
que me preocupaba por él, “no te preocupes, sí estás en el testamento”. Me lo
manifestaba riendo, bromeando… siempre fue así, hasta su último minuto
consciente, la alegría era su sello característico aunque no siempre fue bien vista.
-Ese sarcasmo… uno de los legados que no morirá en
mí-
Mi tío Wacho, uno de los hermanos de mi padre, nos
acompañó a mí y Marcos en los trámites. De voz firme, como todos los hermanos Guerrero
León, cada vez que hablan parece que están dando una orden. Sin embargo, el
buen humor es algo que también comparten con mi papá.
El momento era triste pero mi tío prefería recordar
lo alegre que era su hermano. “Seguramente ya armó un hipódromo allá arriba” -una
de sus aficiones era las carreras de caballos-. Y comentábamos todas sus
figuras. Vaya que nos hizo muchas.
De vuelta en el hospital, nos tocó a mí, Marcos y
Cristian, la difícil tarea de vestirlo. “Bien elegante”, solicitó mi tío. Desde
luego, siempre le gustó lucir bien, tan así que solo días antes se hizo
arreglar el cabello de Mónica.
Aprovechamos
el momento para darle un último abrazo y un beso en la frente. Lo vestimos y
dejamos que otros lo colocaran en su ataúd. Me encargaron la tarea, junto a
Mónica, de acompañarlo en el vehículo funerario para la –estricta- labor de
formolizar el cuerpo. El resto, a las salas de velación a terminar los
trámites.
Ni bien salíamos del sector y una marcha de simpatizantes
de Viviana Bonilla –aspirante a la Alcaldía- apareció frente a nosotros y se
tuvo que bajar la velocidad. “Diles que llevamos a Nebot –contrincante de
Bonilla y actual alcalde- para que abran paso”, bromeó uno de la funeraria. El
chofer tuvo una mejor ocurrencia. “Abran paso que llevamos al abogado -la
profesión que comparten mi padre y el burgomaestre-”, gritó a los transeúntes.
Por un momento, me indigné, no era lugar ni tiempo
para bromas, pero enseguida imaginé que mi papá, lejos de molestarse, habría aplaudido
el sarcasmo y solo atiné a sonreír. “Seguro que con eso nos dejan pasar”, dije.
La marcha de simpatizantes abrió paso.
Llegamos a las salas de velación pero una vez ahí,
luego de dejarlo en el sitio tradicional, los tres hermanos presentes
regresamos a casa para cambiarnos de ropa y volver.
En casa, mi pequeña hija, Dalia me recibe con una
sonrisa y una broma. Ya estaba enterada de todo, lloró poco pero, al parecer,
lo necesario. Salió igual o más fuerte que su antecesor, recuerdo que he visto
a mi papá llorar solo una vez y fue cuando yo sufrí un percance que me podía
haber quitado la vida. En cambio, yo, lloro hasta con las películas de Pokemon.
En el momento que escogía mi oscura vestimenta, vi
un reloj y un anillo de Emelec –par de regalos hechos por Robert, uno de mis
mejores amigos-. Mi papá compartió la misma simpatía por el equipo de fútbol
que yo sigo, al que vimos campeón justo el año pasado. Me puse ambos elementos
decorativos entre lágrimas.
De vuelta a las salas de velación. Si bien se hizo
planes para pasar la noche con él, los mayores de la familia nos convencieron
para descansar por unas horas en las respectivas casas. Pasadas las 00:30 del
viernes, regresamos.
A las 07:00 estábamos en camino, otra vez, a la sala
de velación. Una leve lluvia nos acompañó… el cielo amaneció llorando con los
Guerrero.
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